miércoles, 17 de abril de 2013

Good Night.

La estupidez se apodera de mí mediante un sueño.

Pongo la cara de mis esperanzas en fotos de gente que no conozco y rezo para que me encuentren, miro al cielo oscurecido por la noche sin poder contar las estrellas mientras intento dormirme solo. Un trozo de papel me mantiene conectado al mundo real cuando me pierdo en las nubes para no volver a encontrarme, saco todo el aire de mis pulmones y entonces pierdo el sentido. El viento me revuelve el cabello en otro escenario, tú me sonríes en la lejanía y me derrito en tu cuerpo etéreo. Tu voz muda inunda mis oídos sordos, no hay nada con lo que comunicarnos, pero entonces me tocas y lo siento como fuego en la piel. Me enamoro de ti y despierto sabiendo que solo te he soñado.

Un sueño hace que mi estupidez brille entre la nada.
Un sueño que quiero que se repita, uno tan real que duele su inexistencia.

lunes, 8 de abril de 2013

Dreams are dreams.

"Crucemos las olas y lleguemos al otro lado de los sueños".

Camino entre oscuridad y en línea recta, con el viento en el corazón y la música en cada paso, nada cambia y nada avanza, no hay brisa más allá de mi interior y el mundo se queda mudo cuando lo miro. Al final del pasillo, un muro de piedra me corta el paso, haciendo que me pierda en los dibujos que algún crío hizo con tizas de colores. Las siluetas de sus ilusiones han sido devoradas por el tiempo y no se distinguen más que algunas estrellas y animales, como si se trataran de dibujos primitivos.

Sigo avanzando por el muro y encuentro un hueco por el que quepo agachándome, al otro lado me espera un paquete de cigarrillos del único tabaco que me ha gustado nunca, un mechero amarillo y una nota de hace muchos años. Me siento con los pies flotando en la nada y me fumo uno de los cigarros, mientras leo las palabras más tristes que me han confiado nunca y tu mirada vuelve a mi mente, difuminándose, pero nunca yéndose.

El humo saliendo de mi boca distrae a mis ojos para no acabar llorando por ti, arrugo el papel y lo tiro esperando no volverlo a ver, me giro y ahí estás. Tú me sonríes y yo me derrumbo, me dices que estás bien y que todo te va mejor, me convences de que yo no tuve la culpa de que desaparecieras y me prometes que algún día volveremos a vernos. Me pides que cruce las olas y llegue al otro lado de mis sueños, me pides que esté por encima de todos los que me han rodeado mientras yo estoy de rodillas, llorándole a la nada con el viento, la música y la oscuridad, entonces me despierto.

Solo quería que supieras que te echo de menos y que estés dónde estés, espero que me mires y te enorgullezcas de mí. Intento hacer lo que tú hiciste lo mejor que puedo, pero me falta tu decisión y coraje, yo solo soy cabezota y muy inmaduro. Aún hoy te escribo y deseo que en algún momento puedas leerlo, lástima que el muro no es precisamente de roca, sino de algo más duro y cruel.

Te echo de menos y espero volver a verte algún día... Por muy lejano que sea.


martes, 12 de marzo de 2013

13/03/13

Nadie lo tiene todo.

Los deseos de la gente se pierden en los cielos mientras pierden el tiempo viviendo sin ningún sentido la muerte de los sueños forjados. Los árboles crecen y sus hojas caen al asfalto, los coches pasan por encima de ellas y todo el mundo las olvida. Yo también, y me siento mal por ello. He olvidado mis sueños porque los elevé tanto que al caer se rompieron, fui demasiado cobarde para recogerlos y murieron ante mis ojos. Rajé mi garganta para que nadie me escuchara quejarme y mis lamentos me han costado la ambición.

Las rocas erosionadas del mar se confunden con mis ganas de intentar seguir aquí y la única salida es a través del océano, cada paisaje nubla mi memoria, ahumando mis recuerdos, dañando la poca esperanza que me queda en encontrar algo nuevo o diferente. Tengo objetos nunca usados para evadir las penas pero prefiero escribir intentando ocultarme de ella porque el alcohol no me limpió las heridas y el tabaco no me mató lo suficiente, la cobardía me mantiene con vida. Porque aunque las miro a los ojos y trato de enfrentarlas, ellas acaban besándome y ganando la batalla.

Se ha convertido en una rutina pensar en lo perdido.
Lo que gané está a punto de evaporarse.

lunes, 11 de marzo de 2013

Story of a red rose.

La lluvia cae en las manos de una rubia cualquiera.

Su piel blanca contrasta con sus uñas rojas, labios mojados y pelo oxigenado resultan un buen reflejo en un charco a sus pies. El cigarro empapado y sin fuego, como los azules ojos de la joven sin esperanzas ni ambiciones, los recuerdos se tiñen negros en su cielo particular y corren por su mejilla. El cabello pegado a la cabeza, la chaqueta de cuero oscuro huele a piel nueva, sus medias rotas dejan ver la fina capa que protege a la carne pero esta muere al tacto de las frías gotaas.

Todavía se pregunta como llegó hasta ahí y quién tiene su corazón, lamenta como lo encontrará abandonado y roto en una esquina, intenta pensar que ya no existe y así no herirse a sí misma. Pero existe bajo el agua, sobre un asfalto tan negro como su esperanza y su rimel corrido, existe bajo las nubes grises y detrás de su muro emocional. Existe y eso la hace sufrir. Una rosa nacida en un sótano sin más consuelo que el de la compañía de un humo asesino y un líquido ácido como el alcohol.

La lluvia rompe a una rubia cualquiera. Su cigarro se encuentra apagado.
Por su boca escapa su alma, por sus ojos llora los recuerdos que le quedan.