viernes, 7 de diciembre de 2018

Yo bien, ¿tú qué tal?

De qué sirve.

Mi único deseo es desaparecer en un destello, arder en lo alto de la montaña y ser faro que a los marineros atrae como sirena, ahogarlos en mi costa. Al diablo al que vendí mi alma lo encadenaré a este cuerpo inútil que dejo atrás para que encuentre en mis llamas la vida que sirve de imaginario a un infierno que pronto será suyo, en la eternidad del vacío mis manos apretando su cuello se convertirán en milagro perpetrado por auténtica fe ciega.

Y aún intento arrebatar el aire al viento.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Mi octavo morir.

Un hilo.

Al fondo de mi ventana un sentimiento canta una nana diseñada solo para mi ego, veintitrés oropéndolas sucumben desesperanzadas ante la tormenta más grácil que los árboles han podido sufrir. Es su delicado roce el que arde en mis labios, regusto a caída, desesperanza, pesadilla. Lo sé, cada uno de mis huracanes han barrido todas tus costas, he borrado del mapa cada hoja y cada trino, difuminado con el barro los surcos de tu espalda, podrido la fruta, quemado aquél puente en el que reíamos. ¿Qué es la risa salvo un sueño pasajero? Y pasajero me encuentro de esta irrealidad que llamas tú, he olvidado mi nombre en la brisa, las oraciones se han perdido.

Cuánta soledad encierra la araña que sobre mi cabeza duerme. Sin parar de tejer cada error y un soneto por cada decepción que he regalado mueve mis ataduras hasta abrir las ventanas de Morfeo, empuja mis piernas hasta el borde y se lanza conmigo al vacío. Ahí encontramos aquella verdad que siempre encierro bajo humo y muestra que he convertido en realidad mi peor sueño, una red de máscaras con las que presentarme ante el mundo.

Telaraña.

miércoles, 27 de junio de 2018

Un millón de:

En el corazón, la nada.

Irrelevancia es el color de cada minuto que me roza, no hay música, no hay baile, no hay viento. ¿Qué queda después de una inundación en la que la tierra se vuelve océano? La eterna asfixia la encuentro en la presión de ser inútil, una jaula de oro en la que perdí mi plumaje y orgullo pero gané errar, ¿a dónde quería volar y cómo salir del huracán que ha destrozado la casa a la que llamaba cuerpo? Solo vergüenza siente mi pasado al haber caminado y no haber hecho camino, ¿dónde están mis deseos? ¿Cuánto necesita dormir mi pasión? No hay prosa alguna en la muerte de lo que dentro de uno queríamos creer eterno.

 Rubia, ¿a dónde te has ido?

miércoles, 15 de junio de 2016

Un mar de lágrimas en el que nadar.

Tráeme de vuelta al océano.

Necesito ver las montañas entre las que rodeado crecí, oír a la voz del viento. Añoro mi hogar, mi tierra, mi gente. ¿Qué vine a buscar aquí? ¿Era el amor por lo que dejaba? Destino, lo sé, he sido caprichoso, pero llévame de vuelta a casa, llévame sano, bien, en los brazos de la brisa que se mezcla con la sal y junto a la música de todos los corazones de aquellos que habitan la tierra de perros y que laten como tambores sincronizados, ayúdame a alcanzar una victoria en este patético camino que dice llenar mi mente cuando solo la satura. Quiero reencontrarme con los árboles, conmigo mismo, con mis sueños. ¿Cómo lo hace nuestro ego para evitar reconocer que lo que más feliz nos hace es lo más primigenio? Con todo este viaje lo veo, los cielos no son todos iguales, por eso devuélveme al mío, al cielo en el que pertenezco y no soy disonancia molesta sino un instrumento que útil y que con propósito se siente.

El mundo se cae, ¿solo lo aprecio yo o solo yo lo temo tanto? Siempre fui demasiado sensible a las verdades pero nunca pude evitar encontrarlas, ¿encontraré otra vez a aquél chico que deambulaba por las calles con los céfiros como guías, tendré la suerte de verme entre el verde de la laurisilva y quedarme en ella para siempre crecer y respirar el aire que lleva la voz más pura? Vida, ¿para qué me formaste a mí, a un simple punto que su propia existencia cuestiona y le conduce a la duda de si no es todo un sueño? Déjame volver, por favor, déjame volver a vivir rodeado de primavera, de metáforas vueltas realidad en un paraíso en el que quizás nunca debí haber despertado, el Edén del que me expulse para de la manzana poder comer.

La verdad más dolorosa fue entender qué era el Paraíso, que siempre había estado ahí.
Mi tierra, el corazón se encoge deseando nuestro reencuentro, la nostalgia es ahora mi océano.
Vida, tráeme de vuelta.