viernes, 11 de septiembre de 2020

Sirena.

 Nadamos para no hundirnos en la oniria.

Pero desde aquí, al fondo, recuerdo aquél sueño. Crear memorias en otoño con las hojas atardeciendo en el asfalto, ese invierno nevado con una nariz roja, el verano abrasador y esa primavera siempre deseada. Dime, ¿cuánto de lejos estoy de Ávalon? Yo lo sé, tan lejos como está mi corazón, tan lejos como esté perdido en el fondo del mar. 

En la oniria reencuentro lo platónico. 

martes, 1 de septiembre de 2020

Marea.

 Quiero inundarme.

El desagüe de mi corazón no para de tragar y esperanzarse, ¿pero qué esperanza hay? No queda la risa ni las ansias, solo un demonio que posee mi cuerpo y lo hace ser tuyo. Quiero despertar, quiero ahogarme, quiero flotar.

Vete. 

Otro sueño de verano.

 Debajo de mi cara hay una farsa. 

Estos huesos de mi rostro se moldearon en una jaula dorada, la misma que atrofió mis alas y me enseñó a cantar. El silencio es un látigo con el que azotar mi ego cada mañana y a la luz de la luna, cuando termino se antoja lazo con el que adornarme. Tomo la soga, la enredo y le doy vueltas hasta hacerla un collar en el que colgar las cosas más importantes como recuerdo. 

Y dime, ¿qué tal me queda?

miércoles, 3 de junio de 2020

Solo quiero atravesar el velo.

Nadie querría invitar a un pájaro cojo a bailar, las nubes se acumulan pero ningún torrente me ahoga. Resuena en mis oídos que sin miseria no existe vida y la canción vuelve a empezar pero no consigo quedarme sordo, un grito agudo llora desde mi estómago para callarse en la garganta, se confunde en las estrellas y vuelve a mí. El humo es lo que queda cuando el bosque arde.

La realidad no es más que un grillete y yo un charco en la celda,
ningún rayo de sol me evapora.