miércoles, 20 de marzo de 2019

Si tragas gusanos...

Echo a la luna en mi café.

Mi corazón es marea baja, desierto desolado nutrido con sal y sol. Cada grano de arena un segundo perdido y una pasión que no tuve, el mismo chiste repetido hasta que muere la voz y renace el miedo brillante y dorado como el corazón del ser amado, un beso con sabor a brisa de una isla que no es la mía, ¿soy la raíz seca de un árbol que nunca quiso crecer o la semilla de una flor autocomplaciente sin lluvia ni mañana?

"Acuéstame a tu lado Fobos, dame el calor que me niego y prometo no dejar de temblar nunca", canto a la nada acompañado por la risa. En el vacío de mi estómago una araña teje su red, transforma en crisálida la carne de la que nada puede nacer, hace semanas que dejó de moverse sin encontrar presa que no sea ella misma.

Las mariposas se me escapan cada vez que vomito el corazón.

miércoles, 30 de enero de 2019

Rojo.

Cristal y hielo se confunden.

Mis brazos gritan por volver a sentir el corretear de la vida escurrirse hasta mis dedos, dibujar con la pintura un futuro sin miedos ni cobardía en el que pueda saltar cuando quiera a la oniria. Cuánto más me abandone el ego más cerca estaré de volver a besarte, de dormir en la cuenca vacía, un dulce charco a mis pies en el que ahogar todas las mentiras que he intentado creer. Nunca vine para quedarme.

El hielo se deshace y vuelvo a sangrar.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Ego 2.3.

Soy el buscador de soles.

Si un solo suspiro pudiera apagar la llama que pende de tus dedos convertiría mi cuerpo en escudo contra el que todos los huracanes impactarían. ¿Puedes oírme cantar con fe ciega cada verso de tu aliento? Hablo de como el invierno logra hacer desaparecer todas las flores, todas menos las que tú riegas con ese vacío de tu corazón en el que me pierdo y juego. Noto al frío amenazar con reventar cada una de mis venas, yo me río, arropado por tu pena y esperanza, no puedo evitar el llanto ante tanta luz.

Y tu luz oscurece hasta mis ganas de vivir, quiero dejar de ser en tus brazos.
No queda sol que encontrar en tu roce. Otro verano que me trae al mismo invierno.

"El miedo avanza".

viernes, 21 de diciembre de 2018

La pesadilla de la que no despierto.

Quería el cielo a cambio del viento.

Ahora pago con mi piel convertida en hielo aspirar a aquello que no podía tener, ¿a dónde va a ir mi aliento si no es al sol? Siento a la noche arrastrarse como una serpiente entre mis piernas desde el amanecer, se enreda en mi cuello y me anima a hundirme en el mar. Me recuerda que mi respiración es un gasto inútil, un error que el mundo no querría volver a repetir. Despierto envidiando la dulce victoria de aquellos que pueden ignorar lo patético de su existencia, la tanatofobia se convierte en madre de mi sueño, en sus brazos me mece y para ella me quiere. ¿Qué hacer con este ego enfermo en el que me consumo y congelo?

Y sabe Dios que ardería en el infierno con gusto solo para sentir siempre calor.
¿Pero para mí? La nada.