lunes, 28 de septiembre de 2020

Te quiero mucho y otros vacíos.

 La luna quiere gritar.

En mi corazón solo hay piedad para mi sombra, ¿cuántas noches fueron las que yo pedí por ella? Pero siempre había una excusa para no dar: el agotamiento, mis palabras, la vida. Ahora ha echado a volar, antojándose nueva para fundirse en el negro de tu noche, tu pupila no me busca y yo, hoy, estoy cansado de mirarte. El corazón se agota, "ya no te amo" retumba en mí aunque siempre tuve fe en que nunca lo hiciste, si así fuera el amor no es más que barro sobre las heridas y yo quiero soñar. 

El remolino del sin sentido, todos los días dando vueltas. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Hoy te echo de menos, a mi lado.

 ¿Puedes oírme?

Aún cuando nuestro fuego ha sigo consumido, oro. Nuestra hoguera apagada no es más que hogar para aquellas criaturas que habitan nuestro interior, en mis manos conservo la última ascua y a ella me consagro. El humo no se desvanece, nunca lo hará, y aunque con la brisa te escapes aquí dejo mi último deseo, que tu camino y el mío se vuelvan a cruzar, allí donde las montañas puedan alzarte y la marea no me consuma. Ahora dame un último beso y cruza el velo pero quédate conmigo, dame solo un segundo de tu sonrisa y vuela libre una eternidad. 

Mi voz y la tormenta son uno, pero tu corazón canta.

martes, 22 de septiembre de 2020

Ni de aquí ni de allá.

 En la chimenea, cenizas.

Entre mis dedos se escurre el carmín hasta que su ausencia colorea el viento, asfaltando con él las calles de mi corazón. La farola dejó de brillar, nosotros nos bañamos en esa corriente que hizo huir a los demás de sus nidos, mi chapoteo frenético no genera fruto y yo lo devoro hasta ahogarme. ¿Puedes imaginar cómo sería el escenario si las plegarias hicieran brotar las fuentes? Un torbellino de hojas secas me habría llevado hasta donde habita el hogar y yo, en tu regazo, descansaría sin fin.

Solo queda que la brisa haga volar nuestros escombros, el baile vacío. 


domingo, 20 de septiembre de 2020

A moth's dream.

 Cerré mis ojos y era verano.

Tres rayos de sol se apagaron dibujando tu nombre en la tierra, un garabato en el que no te podía discernir. El arroyo dejó de fluir hace años, en su lugar las hierbas brotaron de entre las piedras en las que los peces intercambiaron sus escamas por los ojos de las ratas para corretear libremente. Mis alas envidian esa metamorfosis, mis escamas no son naranjas como los destellos que recuerdo, sino polvorientas, mis ojos oscuros como el ébano buscan esa memoria y nada encuentran hasta verla. ¿Es la luz del farol Afrodita hecha carne? Revoloteo hasta ella para rozarla y despierto, las sábanas apestan a ti y no sé si arrancarme la nariz o hundirla en la nostalgia.

Abrí los ojos sabiendo que el sueño fue demasiado largo, pero quiero volar otra vez.