domingo, 18 de septiembre de 2011

It's too cold outside...

No puedes salvar a las rosas de su triste final.

No importa la belleza que encierren sus pétalos o la dureza de las espinas que recubren su tallo, nada las salvará de marchitarse poco después de florecer o incluso antes. Si llega el invierno antes de que puedan sonreír los bordes serán recubiertos por una fina escarcha y ya no serán besados por ningún amante que rebose amor hacia algo perdido o idílico, porque es durante el invierno cuando el frío recubre los labios de aquellos que esperan que una rosa les dé la felicidad.

Pero quizás, solo quizás, algún beso les devuelva suficiente calor como para derretir esa capa de hielo que los recubre, tanto a los labios como a los bordes de los pétalos que encierran el color de lo que cada uno considera amor. Pero ese beso nunca llega antes de la muerte, nadie lo ha recibido antes de perder toda esperanza y ninguna rosa lo ha sentido antes de ceder ante el frío glacial.

Es entonces cuando las rosas se acostumbran al invierno y las personas abandonan la esperanza de sentir el calor de una caricia y sus ojos se llenan de frío, su sonrisa carece de ternura. Y es entonces cuando la oportunidad de las rosas de salvar a otra desaparecen, cuando solo les queda congelarse eternamente hasta que alguien se dé cuenta de que sigue con vida.

Y también las rosas saben que no te podrán salvar a ti tampoco.
Sus pétalos ya se han convertido en cristales.

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